domingo, 11 de octubre de 2026

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                           Mt 22,1-10

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:
"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda".
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados:
"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda".
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

ALEGRÍA
En las lecturas litúrgicas de este domingo Dios presenta la salvación como la participación en una boda alegre y abundante. Una fiesta, por eso hay que ponerse traje adecuado, de fiesta.
Comparamos esta invitación a la invitación que nos hace cada semana a la Misa dominical y, puede ser que, como los invitados del evangelio, pongamos mil excusas para no ir.
Pongámonos el "traje de fiesta", un corazón blanco y misericordioso, y acudamos con inmensa alegría a la mayor de las fiestas, el banquete de la Eucaristía, donde Dios se parte y se reparte para nosotros.

domingo, 4 de octubre de 2026

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                     Mt 21,33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.
Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.
Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Y Jesús les dice:
«¿No habéis leído nunca en la Escritura:
“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

LA VIÑA
Este domingo la parábola de la viña nos cuenta un resumen de la historia de la salvación: Dios nos quiere salvar y la humanidad lo rechaza. Nos envía a su Hijo, y lo matamos, pero resucita para salvarnos.
Dios pasa por encima de la maldad más grande que seamos capaces de cometer. Así es su Misericordia. Dios es Amor y esas tres palabras resumen toda la historia de Dios con nosotros.
Somos su viña, la que Dios se empeña en sacar adelante, a pesar de nuestra indecisión o egoísmo. Si percibimos así a Dios, cercano, será más fácil decirle que sí a todo fruto que nos pida. 

domingo, 27 de septiembre de 2026

XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

  Mt 21,28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña". Él le contestó: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor". Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?»
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

RECUERDA, SEÑOR, TU TERNURA
En el comentario de las lecturas de este domingo hay una frase del Salmo que llama la atención: "recuerda, Señor, tu ternura". ¿Alguien piensa o dice que Dios es tierno, que tiene ternura?
Sólo la Escritura, que nos lo da a conocer como nadie, es la que nos habla de su ternura y de su misericordia que, sigue diciendo, son eternas. Un Dios tierno y misericordioso que enseña a serlo a los que lo aman.
Un Dios tan tierno que, como nos dice el evangelio, perdona y es justo, con la justicia de Dios, que es Misericordia, que es Ternura. Aprendamos de Dios y hagamos vida su Amor, Compasión y Misericordia.

domingo, 20 de septiembre de 2026

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                              Mt 20,1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

ID TAMBIÉN VOSOTROS A MI VIÑA
Este domingo Jesús nos explica la parábola de los trabajadores de la viña. Todos somos trabajadores y debemos trabajar la viña, de una manera o de otra.
El evangelio nos deja claro que, hayamos trabajado más o menos, hayamos llegado antes o después todos tendremos nuestro salario, sin que nos hagan ninguna injusticia.
Dios es justo; es el Justo. Por eso siempre será misericordioso con todo lo que hayamos trabajado en su Viña. No dejemos nunca de trabajar por el Reino. 

domingo, 13 de septiembre de 2026

XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                    Mt 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:
“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».


EL PERDÓN


En este domingo las lecturas nos orientan hacia el perdón, la misericordia y la clemencia. Perdón, misericordia y clemencia de Dios y también los nuestros. Tenemos como modelo y ejemplo a Dios, que "es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia", como nos dice el Salmo.


Viviendo todas estas virtudes nos será más fácil el perdón, el "setenta veces siete" del evangelio. Siendo cristianos, teniendo a Jesús de modelo, no nos debería ser difícil. Es más, el libro del Eclesiástico nos dice que "rencor e ira son detestables". No es compatible el ser cristiano y el rencor.


Liberemos el corazón. Liberemos también la mente y tengamos un interior sin rencor, sabiendo que Dios nos perdonó más. Seamos compasivos, como Dios es compasivo con nosotros. Perdonemos de corazón a nuestros hermanos. Setenta veces siete.

domingo, 30 de agosto de 2026

XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                            Mt 16,21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.


EL HIJO DEL HOMBRE, VENDRÁ

Es la promesa de Jesús: volverá. A veces vivimos como si ignorásemos su vuelta, porque volverá, pero con la gloria del Padre, entre sus ángeles para ejercer su justicia misericordiosa. 
 
Como a Jeremías, nos sedujo y nos dejamos seducir. Aunque se rían de nosotros y se burlen, sabemos que en nosotros hay fuego ardiente, el fuego del Espíritu, para tomar la Cruz y seguirle.

Por eso, como dice san Pablo, hay que discernir la voluntad de Dios, lo bueno, lo perfecto, para que, cuando vuelva el Hijo del hombre, hayamos sido coherentes con nuestra fe.

domingo, 23 de agosto de 2026

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                    Mt 16,13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

SEÑOR, TU MISERICORDIA ES ETERNA
El salmo de la liturgia de este domingo nos deja esta frase. Misericordia y eternidad sólo se entienden en el contexto de Dios. Su misericordia se manifiesta desde siempre y se manifestará siempre, eternamente.
El Mesías, el Hijo de Dios vivo, como nos dice hoy Simón Pedro, el primero que proclama la fe.  Y Jesús le promete que será la piedra sobre la que edificará la Iglesia. Inmensa misericordia hacia nosotros.
"Y el poder del infierno no la derrotará". Nunca, jamás, el mal prevalecerá. Nunca vencerá porque estamos edificados sobre la Misericordia, promesa que nos da esperanza. Dios siempre es más. Eterno, como su Misericordia.