domingo, 1 de noviembre de 2026

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

                                                                      Mt 5,1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

TODOS LOS SANTOS
Hoy es un día muy especial. En verdad, todas las solemnidades litúrgicas lo son, pero hoy celebramos que una gran cantidad de hermanos nuestros están gozando de la presencia de Dios eternamente, con la esperanza de participar nosotros también de ese gran don.
Porque lo que vivieron, sintieron, compartieron, su vida, en definitiva, fue un don de Dios. Y,  como don gratuito, debemos contemplar que sean parte de los bienaventurados. 
Demos gracias por tantos hermanos nuestros, limpios de corazón, por mostrarnos el camino, por hacer de guía hacia el Corazón de Dios. 

domingo, 25 de octubre de 2026

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                   Mt 22,34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
Él le dijo:
«"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente".
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo".
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».

EL MANDAMIENTO PRINCIPAL
Lo sabemos hace tiempo, nos lo dijo Jesús hace mucho, pero seguimos sin entender lo más principal de su mensaje. Amar, sencillamente. No hace falta más.
Dos mandamientos, no seiscientos. Dos mandamientos que resumen los diez principales. Dios no lo pone fácil. Nos dice el qué, el cómo y las preguntas del examen cuando llegue el momento: "¿Has amado?".
Hagamos vida esos dos mandamientos. Hagamos vida el Amor. 

domingo, 18 de octubre de 2026

XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                      Mt 22,15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:
«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?».
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
«¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».
Le respondieron:
«Del César».
Entonces les replicó:
«Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

NO TE FIJAS EN LAS APARIENCIAS
Hasta los que perseguían a Jesús sabían de sus cualidades. Le dicen que saben que no se fía de las apariencias, ni se fija en ellas. Eso, podría tomarse como una alabanza, y eso que lo consideraban su enemigo.
Y sí, así era. Él no se fijaba en las apariencias. ¿Y nosotros, qué tal vamos con el aparentar y fijarnos en lo secundario de las personas? Lo mejor o peor de los demás y de nosotros mismos está en lo más íntimo.
Cuidemos nuestro interior, cuidemos lo más importante. No nos fijemos en las apariencias ni pretendamos aparentar para parecer lo que no somos. Coherencia y sinceridad como cristianos que somos. 

domingo, 11 de octubre de 2026

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                           Mt 22,1-10

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:
"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda".
Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados:
"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda".
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

ALEGRÍA
En las lecturas litúrgicas de este domingo Dios presenta la salvación como la participación en una boda alegre y abundante. Una fiesta, por eso hay que ponerse traje adecuado, de fiesta.
Comparamos esta invitación a la invitación que nos hace cada semana a la Misa dominical y, puede ser que, como los invitados del evangelio, pongamos mil excusas para no ir.
Pongámonos el "traje de fiesta", un corazón blanco y misericordioso, y acudamos con inmensa alegría a la mayor de las fiestas, el banquete de la Eucaristía, donde Dios se parte y se reparte para nosotros.

domingo, 4 de octubre de 2026

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                     Mt 21,33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.
Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.
Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Y Jesús les dice:
«¿No habéis leído nunca en la Escritura:
“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”?
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

LA VIÑA
Este domingo la parábola de la viña nos cuenta un resumen de la historia de la salvación: Dios nos quiere salvar y la humanidad lo rechaza. Nos envía a su Hijo, y lo matamos, pero resucita para salvarnos.
Dios pasa por encima de la maldad más grande que seamos capaces de cometer. Así es su Misericordia. Dios es Amor y esas tres palabras resumen toda la historia de Dios con nosotros.
Somos su viña, la que Dios se empeña en sacar adelante, a pesar de nuestra indecisión o egoísmo. Si percibimos así a Dios, cercano, será más fácil decirle que sí a todo fruto que nos pida. 

domingo, 27 de septiembre de 2026

XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

  Mt 21,28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña". Él le contestó: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor". Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?»
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

RECUERDA, SEÑOR, TU TERNURA
En el comentario de las lecturas de este domingo hay una frase del Salmo que llama la atención: "recuerda, Señor, tu ternura". ¿Alguien piensa o dice que Dios es tierno, que tiene ternura?
Sólo la Escritura, que nos lo da a conocer como nadie, es la que nos habla de su ternura y de su misericordia que, sigue diciendo, son eternas. Un Dios tierno y misericordioso que enseña a serlo a los que lo aman.
Un Dios tan tierno que, como nos dice el evangelio, perdona y es justo, con la justicia de Dios, que es Misericordia, que es Ternura. Aprendamos de Dios y hagamos vida su Amor, Compasión y Misericordia.

domingo, 20 de septiembre de 2026

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                              Mt 20,1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

ID TAMBIÉN VOSOTROS A MI VIÑA
Este domingo Jesús nos explica la parábola de los trabajadores de la viña. Todos somos trabajadores y debemos trabajar la viña, de una manera o de otra.
El evangelio nos deja claro que, hayamos trabajado más o menos, hayamos llegado antes o después todos tendremos nuestro salario, sin que nos hagan ninguna injusticia.
Dios es justo; es el Justo. Por eso siempre será misericordioso con todo lo que hayamos trabajado en su Viña. No dejemos nunca de trabajar por el Reino.