domingo, 17 de mayo de 2026

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

                                                                           Mt 28,16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.
Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

ASCENSIÓN
Se fue, pero con una promesa, la más bella que pudo hacernos: que estaría siempre con nosotros hasta el final de los tiempos. ¿Cómo puede ser eso, se va, pero está?
Nos dejó su Cuerpo, su Sangre, su Espíritu y a su Madre. Y siempre está pendiente de nosotros. Se fue, pero está. Siempre. Una palabra que sólo tiene sentido en Él.
Preparemos el corazón a la venida del Espíritu, a sus dones y frutos. Vivamos con y en el Espíritu. 

domingo, 10 de mayo de 2026

VI DOMINGO DE PASCUA

                                                              Jn 14,15-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros.
No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

NO OS DEJARÉ HUÉRFANOS
En el VI domingo de Pascua Jesús va poniendo todos los pasos para prepararnos a la venida del Espíritu santo. Cuidando siempre de nosotros, no quiere dejarnos huérfanos.
Nos enviará su Espíritu, el Espíritu del Amor y la suavidad, el Espíritu que nos lo enseñará todo sobre cómo es el Padre y cómo debemos vivir siendo coherentes.
Nos ama. Él sabe que se irá al Padre, pero seguirá con nosotros por medio de su espíritu. No podría amarnos más. 

domingo, 3 de mayo de 2026

V DOMINGO DE PASCUA

                                                                      Jn 14,1-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».

NO SE TURBE VUESTRO CORAZÓN

Por más situaciones complicadas que vivamos, por más eventos imposibles de solucionar con los que tengamos que lidiar, Jesús nos dice: no se turbe vuestro corazón.

Él está y está siempre. No nos dejará nunca, es la Vida que nos da vida y que nunca engaña ni nos engaña. Es el Amor, es la Verdad.

Y el Amor verdadero nunca miente. Su Misericordia es absolutamente veraz. Bondad, Belleza, Misericordia, Amor. Sólo Él. 

domingo, 26 de abril de 2026

IV DOMINGO DE PASCUA

                                                                            Jn 10,1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

EL BUEN PASTOR
Ya en el cuarto domingo de Pascua la liturgia lo dedica a Cristo, como Buen Pastor. Las ovejas conocen su voz y le siguen, a Él y no a otro, porque sólo Él es su Pastor.
En ocasiones seguimos el silbido de "otros pastores" sin darnos cuenta de que ellos no pretenden cuidarnos, sino aprovecharse de nosotros. No así Jesús.
Sigamos siempre siendo parte de su rebaño, sigamos siempre al pastor que nunca nos abandona y que nos busca incluso por los apriscos cuando nos alejamos.

domingo, 19 de abril de 2026

III DOMINGO DE PASCUA

                                                            Lc 24,13-35

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

EMAÚS
Hoy nos sigue ocurriendo lo mismo que a los discípulos de Emaús: aunque Jesús está a nuestro lado y nos explica las Escrituras, no lo reconocemos.
Está, está siempre, aunque no lo notemos, aunque no lo sepamos, aunque no lo veamos. Ellos sólo lo reconocieron con un gesto.
Y nosotros también. Al partir el pan reconocemos a un Dios entregado, partido y repartido, que se deja comer por nosotros. Caminemos sabiendo que Jesús está.

domingo, 12 de abril de 2026

II DOMINGO DE PASCUA. DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

                                                                        Jn 20,19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

MISERICORDIA
El segundo domingo de Pascua está dedicado a la Misericordia. El evangelio de Tomás nos habla de creer sin ver, de la fe. Y la misericordia y la fe van de la mano.
Muchas veces somos como Tomás, hasta que no vemos o no tocamos no creemos lo que nos dicen porque nuestra fe es débil. Pero la misericordia de Dios es mayor que nuestra debilidad.
El Amor misericordioso de Dios nos hace reconocer al niño que llevamos dentro y caer, sinceros, en los brazos de Dios Padre, brazos de su Amor infinito, como inmensa es su Misericordia.

domingo, 5 de abril de 2026

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

                                                                              Jn 20,1-9

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
RESUCITÓ
Resucitó. Y al resucitar, ganamos todos. No ha podido ocurrir algo tan extraordinario, nunca. Pero resucitó, porque así lo quiso Dios.
Resucitó. Y nos devolvió la dignidad de hijos de Dios y hermanos. Nos sacó de las tinieblas y nos llevó a la luz
Luz de Pascua que debemos llevar al mundo.