domingo, 27 de septiembre de 2026

XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

  Mt 21,28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña". Él le contestó: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor". Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?»
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

RECUERDA, SEÑOR, TU TERNURA
En el comentario de las lecturas de este domingo hay una frase del Salmo que llama la atención: "recuerda, Señor, tu ternura". ¿Alguien piensa o dice que Dios es tierno, que tiene ternura?
Sólo la Escritura, que nos lo da a conocer como nadie, es la que nos habla de su ternura y de su misericordia que, sigue diciendo, son eternas. Un Dios tierno y misericordioso que enseña a serlo a los que lo aman.
Un Dios tan tierno que, como nos dice el evangelio, perdona y es justo, con la justicia de Dios, que es Misericordia, que es Ternura. Aprendamos de Dios y hagamos vida su Amor, Compasión y Misericordia.

domingo, 20 de septiembre de 2026

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                              Mt 20,1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

ID TAMBIÉN VOSOTROS A MI VIÑA
Este domingo Jesús nos explica la parábola de los trabajadores de la viña. Todos somos trabajadores y debemos trabajar la viña, de una manera o de otra.
El evangelio nos deja claro que, hayamos trabajado más o menos, hayamos llegado antes o después todos tendremos nuestro salario, sin que nos hagan ninguna injusticia.
Dios es justo; es el Justo. Por eso siempre será misericordioso con todo lo que hayamos trabajado en su Viña. No dejemos nunca de trabajar por el Reino. 

domingo, 13 de septiembre de 2026

XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

                                                                    Mt 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:
“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».


EL PERDÓN


En este domingo las lecturas nos orientan hacia el perdón, la misericordia y la clemencia. Perdón, misericordia y clemencia de Dios y también los nuestros. Tenemos como modelo y ejemplo a Dios, que "es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia", como nos dice el Salmo.


Viviendo todas estas virtudes nos será más fácil el perdón, el "setenta veces siete" del evangelio. Siendo cristianos, teniendo a Jesús de modelo, no nos debería ser difícil. Es más, el libro del Eclesiástico nos dice que "rencor e ira son detestables". No es compatible el ser cristiano y el rencor.


Liberemos el corazón. Liberemos también la mente y tengamos un interior sin rencor, sabiendo que Dios nos perdonó más. Seamos compasivos, como Dios es compasivo con nosotros. Perdonemos de corazón a nuestros hermanos. Setenta veces siete.