martes, 2 de agosto de 2022

LA RED

 Mt 13, 47-53

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?»
Ellos le responden:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

LA RED

"El Reino se parece a una red". Hoy entendemos "red" por las redes de comunicación, internet, tan omnipresente en nuestras vidas.

Ojalá el Reino, esa otra red, esté tan omnipresente en nuestras vidas también. Aunque algo tienen que ver.

Hoy se puede evangelizar por las redes. Y, en ese caso, esas "redes" también son cauce y gracia para llegar a Dios. Repartamos evangelio por las redes.

UN TESORO ESCONDIDO

 Mt 13, 44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra».

UN TESORO ESCONDIDO

Si tuvieras un tesoro escondido, ¿se lo dirías a alguien para que pudiera encontrarlo, disfrutar de él y compartirlo?

El egoísmo muchas veces nos hace ser individualistas, cerrados y, como consecuencia, tristes y decaídos. Un cristiano no puede ser egoísta.

Porque compartimos el mayor tesoro, que es Dios, y, con Él, la mejor y mayor de las noticias: su amor incondicional hacia nosotros. No escondamos más ese tesoro.

BUENA SEMILLA

 Mt 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga»

BUENA SEMILLA

Hoy Jesús comparte con todos la parábola de la semilla. Semilla buena, eso es lo que tenemos que ser. Semilla que siembre el Sembrador.

Semilla que cae en tierra y muere para dar el mayor de los frutos. Semilla que espera el agua del Espíritu para crecer y dar sus frutos.

El sembrador siembra, y espera que la semilla sea buena para que la cosecha sea la mejor. Seamos semilla buena para dar la mejor de las cosechas.

SOLEMNIDAD DE SANTIAGO, APÓSTOL

 Mt 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
¿«Qué deseas?»
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?»
Contestaron:
«Podemos».
Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

VUESTRO SERVIDOR

"El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor", nos dice hoy el Señor. Servir, ser servidor de alguien se considera ser menos que aquel a quien sirves.

Menos para Jesús. Para Él servir es ser grande. Él nos enseñó que servir es reinar y al Reino de los cielos se llega por el servicio desinteresado.

Seamos servidores del prójimo, siendo grandes en el servicio y en el amor. Seamos apóstoles del servicio.


XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

  Lc 11, 1-13

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos»
Él les dijo:
«Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en la tentación”».
Y les dijo:
«Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:
“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde:
“No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?»

ENSÉÑANOS A ORAR

Jesús no hacía nada sin orar, no pasaba un día sin orar, sin esa relación especial que tenía con el Padre. Era inevitable. Eran Uno. Se hablaban Corazón a Corazón, al Amor hablando al Amor.

Por eso los discípulos, al saber que oraba con asiduidad al Padre, al verle hacer su oración diaria, le pidieron que les enseñara a orar, de Corazón a corazón. Ellos también querían orar como Él lo hacía.

La oración para un cristiano es fundamental, es vivencia diaria, debe ser necesidad del alma. Y así, pediremos y se nos dará. Dios es Amor y orando, conociendo mejor su Corazón, seremos Amor.

CON QUE DEIS FRUTO ABUNDANTE

 Jn 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mi no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

CON QUE DEIS FRUTO ABUNDANTE

Así damos gloria a Dios, dando fruto abundante. Fruto de buenas obras, frutos del Espíritu, frutos de árbol bueno.

Somos tierra buena, árboles buenos destinados a dar fruto. Y no se nos pide más. Es fácil.

Pensemos en qué circunstancias y situaciones podemos dar fruto abundante, Y pongámoslo por obra.


FUE Y ANUNCIÓ

 Jn 20, 1. 11-18

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!»
Ella se vuelve y le dice:
«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!
Jesús le dice:
«Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».

FUE Y ANUNCIÓ

Hoy celebramos a santa María Magdalena. Considerada apóstol por su anuncio de la Resurrección a los demás apóstoles.

Ella fue la primera que lo vio resucitado, según nos cuenta el evangelio. Y fue y anunció. No se lo pensó, nos e quedó para ella la Buena Noticia.

Porque la alegría es mayor si es compartida. Y la Resurrección es nuestra mayor alegría. Ser apóstoles, anunciar la Buena Nueva de Jesús, esa es nuestra misión, la que María Magdalena cumplió a la perfección.