sábado, 13 de agosto de 2022

ÉL ERA MESÍAS

 Mt 16, 13-23

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mi piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

ÉL ERA MESÍAS

El evangelio de hoy nos deja claro que Jesús es el Mesías esperado, el Salvador, aquel que vino a mostrarnos la gracia que Dios nos regala.

¿Y vosotros?, nos pregunta. Nosotros también debemos considerar y contestar esa pregunta. ¿Quién es Jesús para nosotros?

Y según sea la respuesta, así debe ser nuestra respuesta personal y vocacional. Actuemos en consecuencia.

miércoles, 3 de agosto de 2022

TEN COMPASIÓN DE MÍ

 Mt 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
«Atiéndela, que viene detrás gritando».
Él les contestó:
«Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».
Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.

TEN COMPASIÓN DE MÍ

La compasión es pasión-con, padecer-con. Y de eso sabe mucho Jesús. Acertó la cananea al pedirle compasión para que la curase.

Jesús cargó con todas nuestras enfermedades, nos dice el Antiguo testamento en el libro de Isaías, padeció-con-nosotros.

Y hoy lo sigue haciendo, a nuestro lado, siempre con nosotros el Compasivo.

martes, 2 de agosto de 2022

ANDAR SOBRE EL AGUA

 Mt 14, 22-36

Después que la gente se hubo saciado, enseguida Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo enseguida:
«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre el agua».
Él le dijo:
«Ven».
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron a todos los enfermos.
Le pedían tocar siquiera la orla de su manto. Y cuantos la tocaban quedaban curados.

ANDAR SOBRE EL AGUA

Imposible, ¿verdad? Pero la confianza y la fe en Dios de Pedro hizo el milagro. Todo cambia cuando dejamos todo en manos de Dios.

Confiar, fiarnos, saber que hay un Dios que vela por nosotros y en el cual ponemos toda nuestra esperanza. Él está siempre.

Nunca nos deja en visto, siempre alerta por nosotros. Fiémonos de quien nos ama con locura. 

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 Lc 12, 13-21

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús:
«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo:
«Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?»
Y les dijo
«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola:
«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha.
Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.
Y se dijo:
“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mi mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”
Así será el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

GUARDAOS DE TODA CLASE DE CODICIA

La codicia es todo lo contario a la generosidad. Los cristianos deberíamos destacarnos por ser generosas en todo tiempo, lugar y situación. De ahí que Jesús hoy nos dice que nos guardemos de toda codicia.

Ser codicioso es algo feo, es no compartir, es un no ser con los otros, es querer ser más que los demás a toda costa. En una palabra, lo contario a una existencia cristiana coherente.

No seamos codiciosos. La generosidad que tuvo Jesús durante su vida y su Muerte debe ser ejemplo a seguir por todos nosotros. Por eso, guardaos de toda clase de codicia. 

SALIÓ A SU ENCUENTRO

 Jn 11, 19-27

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».
Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección del último día».
Jesús le dice:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mi, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le contestó:
«Si, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

SALIÓ A SU ENCUENTRO

Hoy celebramos a santa Marta. Y nos dice el evangelio que, muerto su hermano Lázaro y llegando Jesús a ver a su querido amigo, Marta salió a su encuentro.

Así nosotros. Debemos salir al encuentro de Jesús, no solo en las circunstancias adversas, sino también en toda aquella circunstancia de nuestra vida.

Salgamos a su encuentro. Recibamos su abrazo y allí nos reconfortará de todo aquello que nos preocupe.

LA RED

 Mt 13, 47-53

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?»
Ellos le responden:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

LA RED

"El Reino se parece a una red". Hoy entendemos "red" por las redes de comunicación, internet, tan omnipresente en nuestras vidas.

Ojalá el Reino, esa otra red, esté tan omnipresente en nuestras vidas también. Aunque algo tienen que ver.

Hoy se puede evangelizar por las redes. Y, en ese caso, esas "redes" también son cauce y gracia para llegar a Dios. Repartamos evangelio por las redes.

UN TESORO ESCONDIDO

 Mt 13, 44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra».

UN TESORO ESCONDIDO

Si tuvieras un tesoro escondido, ¿se lo dirías a alguien para que pudiera encontrarlo, disfrutar de él y compartirlo?

El egoísmo muchas veces nos hace ser individualistas, cerrados y, como consecuencia, tristes y decaídos. Un cristiano no puede ser egoísta.

Porque compartimos el mayor tesoro, que es Dios, y, con Él, la mejor y mayor de las noticias: su amor incondicional hacia nosotros. No escondamos más ese tesoro.