domingo, 12 de febrero de 2023

HA TENIDO MISERICORDIA DE TI

 Mc 5,1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos.
Apenas desembarcó, le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo. Y es que vivía entre los sepulcros; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para dominarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras.
Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó con voz potente:
«¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes».
Porque Jesús le estaba diciendo:
«Espíritu inmundo, sal de este hombre».
Y le preguntó:
«¿Cómo te llamas?».
Él respondió:
«Me llamo Legión, porque somos muchos».
Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos paciendo en la falda del monte. Los espíritus le rogaron:
«Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos».
Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al mar y se ahogó en el mar.
Los porquerizos huyeron y dieron la noticia en la ciudad y en los campos. Y la gente fue a ver qué había pasado.
Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Y se asustaron.
Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su comarca.
Mientras se embarcaba, el que había estado poseído por el demonio le pidió que le permitiese estar con él. Pero no se lo permitió, sino que le dijo:
«Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti».
El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.
HA TENIDO MISERICORDIA DE TI
Hoy el evangelio nos deleita con una frase preciosa: Dios ha tenido misericordia de ti. Es para dar gracias eternamente.
Que Dios tenga misericordia de cada uno de nosotros es la mayor gracia. Dios es Amor y Dios también es Misericordia. Nos regala su ser.
Él no puede ser de otra manera. Y nosotros, que estamos hechos a su imagen y semejanza, debemos ejercer la misericordia siempre, ser apóstoles de la Miseicordia. 

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 Mt 5,1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».
BIENAVENTURADOS
El evangelio de hoy pone a nuestra consideración las bienaventuranzas, líneas maestras de conducta que deberían estar grabadas en nuestro corazón haciendo así realidad el Reino aquí y ahora.
Pero no es tan fácil ponerlas en práctica. Debemos ser pobres de espíritu, misericordiosos, profundamente solidarios con nuestros hermanos y ofrecer toda persecución.
El Reino está aquí, con nosotros, en nosotros cuando vivimos las bienaventuranzas. Tenemos el mejor Maestro.

UNO SOLO ES VUESTRO MAESTRO

 Mt 23,8-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros no os dejéis llamar “rabbí”, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
UNO SOLO ES VUESTRO MAESTRO
Si comprendiéramos a cada momento que solo Jesús es nuestro Maestro y que siempre nos apoya y acompaña, otro gallo cantaría.
Es el Maestro bueno, con enseñanzas que solo nos hacen bien y nos ayudan a ser mejores. Maestro de vida, Maestro en el dolor, pues Él también nos enseñó cómo sufrir.
Maestro, enséñanos.

LA SEMILLA

 Mc 4,26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».
Dijo también:
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.
LA SEMILLA
Jesús adecuaba su lenguaje de predicación a los que lo oían y seguían. Debían entender todo aquello que era el Reino, Dios Padre, la Misericordia, en definitiva, el amor con mayúsculas.
Por eso en el evangelio de hoy nos habla de semillas que germinan, del sembrador y de la tierra. Y lo entendieron enseguida. 
Dejemos que el Sembrador ponga semillas en nuestra buena tierra, en nuetsro corazón. Solo así germinará en buenas obras. 

EL REINO DE DIOS HA LLEGADO

 Lc 10,1-9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:
«La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa". Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.
Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: "El reino de Dios ha llegado a vosotros"».

EL REINO DE DIOS HA LLEGADO
Jesús mandó a sus discípulos a predicar de dos en dos, para anunciar al mundo que el reino de Dios había llegado y ya estaba entre ellos.
Hoy a nosotros también nos lo dice. Predicad el reino, predicad que ya ha llegado el Amor mismo a vuestras vidas.
¡Hazlo vida!

CONVERSIÓN DE SAN PABLO

 Mc 16,15-18

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo:
«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».

CONVERSIÓN DE SAN PABLO
Hoy la Iglesia celebra la conversión de san Pablo. Figura excelsa e imprescindible en la Historia de la Iglesia, de nuestra historia.
Abrió los ojos y se  enamoró de Jesús. Y contribuyó a que muchos otros también abrieran los ojos y se encontraran con Él.
Sus escritos son joyas para nuestra vida cristiana, en los que encontramos herramientas para nuestra santidad. No dejemos pasar este día sin acercarnos a alguna de las Cartas que escribió.

EL QUE HAGA LA VOLUNTAD DE DIOS

 Mc 3,31-35

En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».

EL QUE HAGA LA VOLUNTAD DE DIOS
Hasta qué punto será importante hacer y seguir la voluntad de Dios que, a quien la haga, Jesús dice que es su hermano o su madre.
Seguir la voluntad de Dios, hacerla vida debería ser algo natural en nuestro actuar y en nuestra vida de cristianos. 
Sigamos a Jesús, hagamos su Voluntad.