lunes, 4 de mayo de 2020

EL QUE ENTRA POR LA PUERTA


 Jn 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

ENCONTRARÁ PASTOS

La liturgia nos sigue alimentando con la parábola del Buen Pastor, que está en el evangelio de Juan. Hoy nos dice que el que entre por la Puerta, encontrará pastos.

La Puerta es Jesús, no hay otra manera de entrar. Y al entrar, el Pasto es Él mismo hecho Pan partido y repartido para el mundo.

Nos alimentamos con la Palabra y con la Eucaristía. Sólo en él encontramos el verdadero sentido de la vida.


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