domingo, 28 de junio de 2020

SOLEMNIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA


 Lc 1, 57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella.
A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo:
«¡ No! Se va a llamar Juan».
Y le dijeron:
«Ninguno de tus parientes se llama así».
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo:
«Pues ¿qué será este niño?».
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel.

SE VA A LLAMAR JUAN

Hoy celebramos el nacimiento de san Juan, el Bautista. Precursor del Señor, lo anunció sin miedo y murió por anunciarlo.

Ejemplo también para nosotros. Anunciar sin miedo a Jesús debería ser una de las razones de nuestra vida.

Y, si es necesario, morir por ello. Ahí está la diferencia. Mártires de la fe, como Juan.


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