viernes, 4 de marzo de 2022

VIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 Lc 6, 39-45

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: "Hermano, déjame que te saque la mota del ojo", sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.
Pues no hay árbol sano que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa del corazón habla la boca».

DE LO QUE REBOSA EL CORAZÓN, HABLA LA BOCA

No hay que pensar mucho para entender qué es lo que quería decirnos Jesús en esa frase. Si en nuestro corazón hay bondad, hablaremos y haremos bondad.

Y todo lo contrario: si hay maldad, nuestra boca y corazón no sabrán ni expresarán otra cosa que maldad. Jesús es Amor, por eso la maldad es incompatible con Jesús.

Acoger, amar, ser amables, respetuosos, ser pacíficos y rezar por la paz, por dar algunos ejemplos, son actitudes del cristiano. Que nos conozcan por ello y que nuestro corazón rebose bondad.

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